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La biología del espíritu

Azul Índigo

Subí para la montaña al final de una tarde.
Esperé sentada a que el telón oscuro de la noche empujara los colores y el más bello índigo me cubriera por completo.
Fueron apareciendo, incontables, las estrellas orquestadas con asombrosa asimetría. Su luz plateada lucía impecable sobre el terciopelo azulado del cielo. Dentro de mí o más allá de ellas, sonaban violines, platillos y trompetas.
Observé una a una las estrellas y elegí, como quien selecciona las frutas más adecuadas del montón, a las que consideré más hermosas por su tamaño, el ritmo de su fulgor, o el colorido de su luz. Recogí en mis manos las selectas joyas de luz deleitándome con tal variedad de destellos.
Quise llevártelas. Sentarme en el suelo junto a ti y ofrecerte mi colección. Pero un ramillete de estrellas no es algo que se pueda meter en un bolsillo. Así que las guardé en mi corazón y aquí están. Son para ti.

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